
A pesar de la evidencia y la opinión de las mayorías el resultado de un mal desempeño sobre el escenario parece no importar a sus protagonistas

Este artículo podría considerarse una crítica a quienes realizan presentaciones sub-standard o que por cuestiones de tiempo y capacidad terminan entregando un mal producto a su público.
Sin embargo la intención es la contraria. El hecho de que habemos muchos decididos a cambiar el mundo en este sentido es innegable, y también es verdad que las presentaciones, TED mediante, se han vuelto un formato al que la sociedad presta mas atención. Amén de agradecer a empresas y proyectos como TED, 99u, Ignite y PechaKucha (y todos los profesionales que permiten que estas cosas sucedan), la abrumadora evidencia en favor de la indiferencia en el grueso del universo de las presentaciones debe hacernos reflexionar a quienes estamos intentando el cambio desde adentro.
Presentaciones y presentadores se multiplican aceleradamente y al paso que vamos, la presentación (frente a 3, 10, 20, 100 ó 1000 personas) será el medio de comunicación por antonomasia de la primera mitad del siglo XXI. Su presencia es cada vez más ubicua (si es que puede haber gradiente allí) y la efectividad de su utilización se vuelve a medida que pasan los días menos y menos discutible.
Usamos la presentación bajo la convicción de que funciona pero seguimos operando bajo premisas de funcionamiento falaces y que en general están más basadas en el capricho que en la praxis y el aprendizaje.
Aquí es donde perdemos un poco de valor con la relevancia de TED. El evento centrado en la difusión de ideas que valgan la pena se transformó en una mega productora de contenidos de video de hasta 20 minutos (Tim Urban es cada vez más relevante en mi vida) en donde el alcance, la repercusión y la relevancia provocan un sacudón en la forma en la que nos tomaríamos (dios quiera) el compromiso en caso de ser invitados.

El 99% de las presentaciones no tienen la inmortalidad de los videos que publica TED.com, pero a la vez, puestos a pesar el impacto, debería ser ese mismo 99% el que cambie el mundo.
¿Qué conjunto de factores es entonces responsable por la endemia de las malas presentaciones? No lo sé, pero tengo algunas ideas que me gustaría compartir y con ello, quizás comenzar a comprender y atacar este mecanismo que no aporta para nada a los procesos en los que sí se agrega valor, nos hace sentir que en realidad estamos perdiendo el tiempo y daña desde las bases el propio objetivo que intenta conseguir. Así que aquí van:
- Cuando las presentaciones están realizadas y llevadas a cabo por oficiales de niveles altos o medio altos (directores de escuela, Alcaldes, Gerentes de sistemas o CEOs) la falta de tiempo en sus agendas prima más que cualquier otra cosa. Al ser tan importantes personajes, “perdonamos” la falta de preparación y el aburrimiento. La consecuencia aquí es que tomamos esa oportunidad comunicacional como lo único que no debería ser. Una pérdida de tiempo obligatoria y que representa un ultraje al diseño y la creatividad. Treinta segundo luego de comensada la reunión, nos escondemos en nuestras laptops (un mal cada vez mayor) o nuestra lista de emails sin contestar. Un sin sentido.
- Las presentaciones son el formato que siempre usamos. Es verdad que en algunas industrias (la publicidad o el diseño de indumentaria por ejemplo) el pitch de una idea es “El” formato. Pero también es cierto que los tiempos han hecho estragos con la evolución natural de las carreras en esas industrias, destruyendo la posibilidad de aprender de mentores y colaboradores con más experiencia. Hemos experimentados en los últimos años un vaciamiento de know-how en los mandos medios de todas las industrias que obviamente también ha impactado en la capacidad histórica de algunas instituciones para realizar su comunicación interna.
- El ascenso profesional de perfiles técnicos hace que la comunicación satisfaga la sed de “números” y “procesos” dejando poco espacio para realmente comunicar algo. Esto es algo con lo que me ha tocado luchar de manera personal: Clientes con una visión de negocios tan marcadamente orientada hacia los procesos pretenden comunicar, descriptivamente, la totalidad de lo que hacen sin hacer foco en ningún mensaje central. Lo mismo pasa a veces con los números en un reporte o los indicadores en un pitch de fund rising.
Son tres posibles causas pero creo que son tres puntos de ataque importantes que no se como solucionar en este momento, pero estoy dispuesto a dar batalla.
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