La evaluación de las herramientas permiten utilizar una historia en algunos casos y en otros no.

En su libro “made to stick” Dan y Chip Heath explican, entre muchas otras cosas, que hace que las historias tengan ese comportamiento de autopropagantes a través del tiempo y las geografías. Las leyendas urbanas son un ejemplo de esto (y un ejemplo que se cubre en el libro también, claro)
La genética parece aportar su granito de arena en este campo también. La manera en la que hemos trasladado el conocimiento de una generación a la siguiente durante los primeros 170.000 años de humanidad, previos a la invención y expansión de la escritura tiene que ver con nuestra capacidad de comunicarnos articuladamente de manera verbal y por tanto, las historias no deben haber nacido mucho después el desprendimiento evolutivo de nuestra especie de su tronco biológico original.
Con estos dos justificativos parece sencillo justificar el uso de una historia a la hora de la transmisión de un mensaje y sin embargo sucede lo que sucede en oficinas, colegios y organizaciónes de todo tipo a lo largo y a lo ancho del planeta.
¿Que es lo que sucede?
Al parecer estamos atascados en un problema que tiene dos partes.
- Tipificación — Creemos que hay un solo tipo de comunicación. O en el peor y más difícil de los casos, necesitamos estandarizar todas las comunicación bajo un mismo formato.
- Falta de relevancia — El día se consume en cosas urgentes y no da espacio para invertir tiempo en otras cosas que quizás no priman tanto pero son mucho más importantes.
La primer parte del problema es responsable por la mala fama no solo de las presentaciones sino de las reuniones en general. El hecho de que hay cosas diferentes para decir amerita que nos tomemos el tiempo para determinar cual es la herramienta para transmitir esa información.
Es aquí donde la historia cobra su primer dimensión de relevancia. La historia debe participar de mensajes que tengan carácter general. No es necesario diseñar y escribir una historia para realizar un reporte mensual de ventas. Dicho esto, es absolutamente necesario contar con una historia que nos ayude a transmitir por que es importante que nuestras ventas se re enfoquen en cierto tipo de clientes, en tales o cuales mercados o que simplemente aumenten en un sector de la cadena de valor.
La segunda parte tiene que ver con nuestra capacidad de generar resultados de alto impacto. La mayor parte de las veces apuntamos a cumplir con los indicadores pequeños, escondiéndonos detrás de la aceptación de nuestro rendimiento. Esta actitud hace imposible evaluar si gastar o no tiempo en la elaboración de cierto mensaje. En realiad es lo contrario. Esta actitud hace que la evaluación sea trivial: No vale la pena gastar el tiempo en construir una historia para los casos en los que necesito impacto duradero para el concepto que debo transmitir.
Sin darle lugar diferente a tipos de comunicación diferente y sin espacio para asignar prioridad a este tipo de trabajo, estamos condenados a no tener historias para contar.
Es peligroso esto. Como dijimos, los ecosistemas parecen no favorecer la permanencia de humanos que no cuentan historias y por otro lado, prestando atención a lo que pasa hoy, nos estamos asegurando de que nadie se acuerde de nosotros.
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