Desde la ficción aparecen todo el tiempo ejemplos y recursos para usar en nuestras presentaciones. A veces, son también algo de cuidado.
Pocas series de televisión son más relevantes a la hora de pensar en el arte de presentar, pitchear y escribir historias como MAD MEN (que recomiendo ver de principio a fin por el sólo hecho de ser uno de los mejores productos televisivos de la historia, amén de un contenido genial para el presentador que llevamos dentro).
En este video, el protagonista de la historia y el director creativo de la agencia de publicidad en cuestión presentan su idea para promocionar un nuevo producto de Kodak. “El carrusel”, un proyector de diapositivas con carga circular que dejó de fabricarse recién en 2004 y fue un éxito rutilante de ventas para la compañía desde su lanzamiento.
En su presentación de la idea (el nombre carrusel y el relacionamiento con el producto son la idea, el resto es solamente el producto), Don Draper hace un viaje por su propia vida asociando la actividad de ver fotos con una posibilidad de viajar en el tiempo:
“Hay raras ocaciones en las que el público puede conectarse más allá del destello (la sorpresa), tienen una enlace sentimental con el producto.” — Don Draper
La nostalgia (del griego clásico νόστος «regreso» y ἄλγος «dolor») suele asociarse con un anhelo de lo anterior, sea positivo negativo. En el mundo de la publicidad esto es una tentación permanente. La emocionalidad es el alimento más nutritivo del mundo del marketing y son pocas las veces en las que no se recurre a este espacio de alguna manera. Recurrir a la nostalgia es parte de ese portafolio de herramientas.

¿Dónde esta el riesgo entonces? La nostalgia es un estado que no tiene previsibilidad. Alguien llevado a un estado de deseo por una situación pasada se pierde fácilmente en el laberinto de su propia historia y no es siempre sencillo volver a traerlo a nuestro cuento, a lo que queremos que preste atención. La nostalgia puede hundir a nuestro publico en un sentimiento que no sea positivo para nuestro objetivo y eso es imposible de controlar.
Con todo, es un riesgo que en las más de las veces vale la pena correr y como consecuencia nos lanzamos a esa piscina. Lo que me parece importante es tener en cuenta que controlar de vez en cuando que haya agua es un buen hábito.
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