Según la división de lenguajes de presentaciones que hicimos recientemente, cada una tiene un objeto de interés a la hora de ponerse del lado del que escucha.
Hay una sola cosa con la que creo que un coach de presentaciones no debería intervenir destructivamente en ningún caso y ese es el estilo de quién habla para pararse sobre el escenario.
Me he encontrado, en eventos en donde somos muchos ayudando a los oradores a brindar su mejor cara, con situaciones bastante acartonadas que lo único que evidenciaban era que el orador se sentía sumamente incómodo en la situación a la que estaba como consecuencia de lo que estaba diciendo/haciendo. Siempre, en todos los casos, eran los consultores los que estaban forzando la situación para que la presentación quedara “mejor”. La única cosa que no estoy dispuesto a poner en duda es que el estilo es propio del que habla, y con eso no hay que meterse. Hay casos, lo reconozco, en el que el estilo no aparece fácilmente y hay que realizar un trabajo muy paciente y cuidadoso para que este se muestre sólo y una vez allí, ayudar a que el presentador cultive ese estilo. Brindar o diseñar un estilo allí donde no lo hay es lo que produce bandas tipo N’Sync o Back street boys, Mambrú o Menudo en el ámbito en español.

Pero de nuevo, en este repaso por las diferentes dimensiones en las que necesitamos considerar los idiomas que se hablan según el escenario en dónde estemos, cabe ver que la disposición escénica necesaria para maximizar el impacto de nuestro discurso cambia según el público.
Esto es independiente de contar o no contar chistes, caminar por el escenario o mirar perdido al horizonte, a un lugar específico o peor, hacia atrás. No tiene que ver con el estilo, es una disposición que se suma, se superpone a nuestro estilo en diferentes oportunidades, de manera particular. Si se quiere, puede utilizarse la metáfora del médico, que no habla igual si habla con una visitadora médica, una colega, una paciente, un enfermero o su secretario personal (ni que hablar con el que le lleva los palos de golf). El estilo del médico en ámbito de la medicina es el mismo, pero necesita cambiar la disposición para hacer mejor su trabajo al hablar con interlocutores diferentes.

Como hemos hecho antes, la tabla anterior habla bastante por si sola pero hay espacio para que discutamos al menos las sutilezas y las diferencias menos notorias.
Lo primero es en el espacio de la persuasión. La disposición escénica que facilita la persuasión tiene necesariamente que ver con la convicción. La convicción se ve en las cosas más pequeñas al igual que las más grandes. La convicción no da lugar a la improvisación. Si la práctica es central, aquí lo es el doble. Confundir palabras, actores o trastabillar sobre el escenario diezman nuestras chance.
Luego, la diferencia fundamental entre TED e Ignite/PechaKucha es que en uno hay una libertad total para hacer lo que se quiera, en la segunda, una estructura rígida en donde hasta los slides pasan solos. Como consecuencia, lo fundamental para lidiar con la estructura de manera efectiva es relajarse. Obviamente siempre volvemos a la cuestión de la práctica. En ese caso para que el texto esté incorporado y uno pueda sentir que sale sin esfuerzo.
La diferencia fundamental entre convicción y compromiso está justamente en la disposición del cuerpo. Estar listo para lanzarnos a la acción (el compromiso) se muestra con una postura corporal inclinada hacia adelante. Esto último se facilita mucho caminando. La convicción va en sentido opuesto, esta es mi realidad, y de aquí no me muevo. Estoy convencido.
Los que quieren seguridad y pasión son los que andan a la caza de proyectos en qué invertir. El detalle aquí es que esto cambia mucho con las modas, con las geografías y con las personas. Nada que hacer. Hoy lo que reina es eso.