De las muchas maneras que existen de separarse de la competencia, es decir, de diferenciarse, una de las más difundidas (porque funciona) es la de elegir algún personaje siniestro a quién vencer.
Es famosa la actitud de algunos duelos comerciales en tanto y en cuanto han producido parejas de proyectos y productos que intentan definir al otro como lo que está mal con el mundo y por lo tanto, hay que derrotarlo.

Es el caso de Apple e IBM en los 80’s, o Pepsi y Coke, Boca Jrs. y River Plate, etc, etc, etc. La lista podría seguir hasta el infinito. Somos también los enemigos que elegimos. No únicamente por aquello de “ten cerca a tus amigos pero más a tus enemigos” sino por que en la definición del antagonista se juega mucho de la identidad que estamos diseñando.
En alguna medida la existencia de ese mal que abunda en nuestra zona de influencia justifica que existamos de la misma manera en la que el crimen y la inseguridad justifica en Ciudad Gótica justifica que exista Batman. Bruno Díaz no tiene, al menos en el cómic, un particular deseo por el reconocimiento y el protagonismo (de hecho, se tapa la cara y oculta su identidad) pero como la situación en Ciudad Gótica es extrema, todo en su cuerpo le dice que lo haga. Que tome las herramientas que están a su disposición, dinero e inteligencia en su caso, y que intente erradicar el flagelo que se infringe en la sociedad.
Aquí es donde la cosa se pone un poco más compleja: La mayoría de las causas que valen la pena ser batalladas no tienen un Villano Favorito ya definido. El hambre, la explotación infantil y la devastación de los recursos naturales son en ese sólo sentido una cuestión simple de resolver. No hay quién no identifique al hambre en el mundo como un mal que debe ser erradicado y, puestos a pelear contra él, serán pocos los que permanezcan indiferentes a nuestro esfuerzo. Hay un nivel de conciencia (que quienes luchan contra estas cosas se han encargado de construir) y una identificación con estos problemas muy visceral y muy simple que hace que las ofertas y pedidos relacionados con estos temas universales no requieran un esfuerzo significativo a la hora de la comunicación. Esto no evita que estas ofertas sean más aceptadas cuanto mejor comunicadas están, claro, pero digamos que el camino está más recorrido.
El problema surge cuando aquello contra lo que yo quiero luchar son los impuestos mal pagados. O quizás tengo un desprecio por las demoras en las colas de los bancos y quisiera hacerlas desaparecer.
Para estos y muchos otros problemas que son fuentes de frustración y dolor en la sociedad (aunque algunos órdenes de magnitud menos graves que los anteriores) sí debemos ejercitar la creatividad ya que construir un personaje malvado contra quien pelearnos puede no resultar tan trivial.
Algunos factores a tener en cuenta para armar estos co-protagonistas de nuestra historia son:
- Relajarse: Puede que no todo el mundo vea lo grave de que este particular villano exista, lo importante es que el grupo de personas a quien le estoy realizando la oferta lo vea.
- Buscar en mis propios dolores y pasiones: La impuntualidad por ejemplo es un malhechor que molesta a algunos, pero si construimos a un malvado a partir de ella, seguramente será más fácil si a nosotros mismos nos molesta profundamente.
- Conceptualizar y armar el expediente criminal: Muchas veces la gente puede acompañar la lucha de un criminal que no conoce si somos claros a la hora de contar la historia y las consecuencias de sus andanzas.
Al final de todo, lo importante, lo que está en el núcleo de la oferta es invitar al público a vencer a este villano juntos. La participación los hace también acreedores del mérito. Con tu ayuda, somos todos superhéroes. Si aceptas la oferta no sólo podremos enfrentarnos a este monstruo, también lo podemos vencer.