Hay un sin fin de detalles que pueden mejorar nuestra oferta en términos gráficos pero no prestar atención a lo más grueso es una oportunidad desperdiciada. Es bastante sencillo hacerse de estos conceptos
Cada vez que el ámbito lo habilita, ya sea por asociación o simplemente por silencio, me toca interactuar con alguna persona que me reporta que “una imagen vale mil palabras”. Y en esos casos se da la interacción esperable, de hacer mención al refrán conocido, de lo que significaba en su momento y el por que de su existencia, pero al final, siempre me da pie a decir que en mi opinión “la verdad es que no”.
Y lo digo no sólo con el fin de marcar una opinión con cierto contraste a la que reina, qué es que efectivamente, en una fotografía o similar se contiene el relato de al menos el doble palabras que el artículo de revista en donde dicha imagen está inserta.

Lo digo por que en la mayoría del material no textual que nos toca ver hoy por hoy, ni hay mil palabras ni en general resulta aclaratorio, lo que, para la situación con la irresistibilidad de nuestra oferta termina siendo super contraproducente.
En primera instancia está el problema de cuantos recursos disponibles existen para incorporar una imagen. Esto lo digo en el ámbito del dinero propiamente dicho. Hay situaciones en donde las fotos hay que producirlas o comprarlas. Esta sección no va a versar sobre este parámetro. Asumiremos aquí que el dinero (o los recursos en general) no son un problema que haya que resolver.
Vayamos entonces a lo que nos preocupa:

- Si la información gráfica no suma, resta muuuucho: La falta de tiempo hace que abusemos del copy/paste y que en el apuro, las gráficas no estén pensadas para comunicar lo que estamos intentando decir. Un ejemplo común es da cuando queremos promover un cambio de dirección en la actitud de los empleados y utilizamos los cuadros motivacionales, a los que ya todos estamos acostumbrados pero no por eso valoramos. En una reunión de ventas suele suceder que los gráficos que muestran la información que nos preocupa no aportan nada, como en el ejemplo 1 más arriba.
- Los números son importantes en la medida en la que cambien el tono de la información: cuando agregamos cifras a una gráfica de cualquier índole estos deben ser relevantes para la conversación que estamos teniendo. En el ejemplo 2 (abajo) la idea es mostrar las direcciones distintas de ambas tendencias pero el motivo de esto es manifestar la justificación de que ambas se comportan diferente. Eso es lo más importante.
- Lo peor que podemos hacer es mostrar algo que no se entiende: Y acá me gustaría referirme en particular a aquellos que disfrutan compartir su trabajo, poniendo sobre la mesa absolutamente todo lo que hicieron. La información en gráficos radiales no se entiende. Es simplemente así. También es cierto que si lo único que hiciste los últimos 20 años fue trabajar con gráficos radiales, entendés perfectamente como funcionan pero el resto de los mortales no lo entiende.

En resumen, lo que hay que evitar en este caso es el “sentido común”. Hacer que las cosas sean simples requiere más que el sentido común y requiere también que prestemos atención a estas cosas pequeñitas que hacen toda la diferencia dado que, después de todo, una imagen vale más que mil palabras.