Conozco muy pocos casos de personas que de verdad ignoraban el tema del que hablaban y sin embargo se subieron al escenario igual. Las más de las veces, la inseguridad percibida viene de otro lugar.
Lo importante en todo esto tiene que ver con que el único motivo por el cual es relevante dar una presentación es el hecho de que quienes estén escuchando tomen el mensaje y hagan algo con él. Esto es verdaderamente muy difícil si esas misma personas no creen lo que estoy diciendo.

Las fuentes de inseguridad, en mi experiencia, aparecen de tres fuentes (siempre dejando afuera aquello contar con una gran ignorancia sobre el tema del que estoy hablando) y cada una de ellas puede atacarse:
- Falta de preparación: Si bien no hace que la presentación sea mejor, esta fuente de inseguridad se va diluyendo en la medida en la que me subo más y más al escenario. La falta de preparación se concentra fundamentalmente en dos factores, poco pre aviso para la charla y falta de práctica. El común denominador aquí es que quienes terminan siendo afectados por esta fuente de inseguridad es que a pesar de saber que la fecha de la presentación se acerca, no se toma conciencia de que la inseguridad aparecerá a ultimo momento. Puesto de otra manera, quienes están cómodos con la falta de práctica, se sienten seguros de si mismos hasta que ya no lo están.
- Exceso de exigencia basado en la novedad: Hay casos en los que estoy exponiendo un tema que conoce todo el mundo. No es lo común. Si mi disertación es sobre materiales con memoria de forma y me encuentro haciendo mi presentación en el congreso internacional de laboratorios y profesionales dedicados exclusivamente a los materiales con memoria de forma es probable que todos sepan de que estoy hablando apenas abro la boca. Esto representa a la vez una oportunidad dado que el lenguaje es absolutamente compartido y no hay que traducir nada. Ahora bien en dicho caso, probablemente mi trabajo sea mínimamente original (¿Por qué me invitaron si no?) y por lo tanto valga la pena comunicarlo. En sentido inverso, si mi disertación es simplemente en un “congreso de materiales” así a secas, mi tema más que seguro que no se conoce (me sucedió personalmente). El fantasma de que lo que voy a decir es repetido/inoriginal, surge de que yo estoy sobre mi tema de trabajo todo el tiempo y por lo tanto, para mí es cotidiano. Para el resto del mundo, que debe concentrarse en sus temas para poder seguir viviendo, por más interesante que sea mi línea de trabajo, no puede ser foco de su atención.
- Preocupación por (todos) los detalles: Los detalles son importantes. Hay muchos que dicen que ese era uno de los secretos más relevantes en el talento de Steve Jobs a la hora de dar presentaciones. El problema es que puestos a contar, hay miles de detalles y no todos tienen el mismo nivel de impacto sobre nuestra presentación. Irremediablemente, a menos que cuente con el presupuesto de Apple para organizar mis eventos, habrá detalles que no podré controlar, que no dependerán de mí y que en última instancia, no son centrales a lo que hace nuestra presentación. Ejemplo, una ventana abierta que deja entrar luz sobre la pantalla del proyecto es un detalle que hay que tener en cuenta al igual que el funcionamiento del clicker y el micrófono (si es que se usa). Ahora bien, el número de personas que entran por fila o quien los acomoda cuando abren las puertas (donde se coloca el café o si está caliente) son detalles a los que no conviene prestar atención. De la imposición de un sin número de detalles surge la sensación de la falta de control. De la falta de control nace la inseguridad.
Quién no lo haya adivinado al principio seguro para este momento ya se dio cuenta a donde apunta todo esto. Las fuentes de inseguridad importantes son todas internas.
Controlarlas tienen que ver en general con entrenar el temperamento en momentos diferentes anteriores a la presentación: Desde mucho antes (originalidad), antes (preparación), y justo antes (detalles). Pero es una práctica. No hay soluciones