¿Por qué Cincelar?

El martillo y el cincel han sido históricamente herramientas creativas y liberadoras, constructivas. Este es un justificativo de por qué nos conviene a todos cincelar.

La leyenda cuenta que a sus 23 años, en ocasión de mostrar su ahora célebre Pietà, el joven Michelangelo Buonarroti dijo algo así como «Ho visto un angelo nel marmo e non l’ho scolpito finché non l’ho liberato».

La frase es hermosa en sí misma, dice algo así como: «He visto un ángel dentro del mármol y he esculpido hasta liberarlo». La idea que esta frase pinta maravillosamente es que el maestro ya sabe que la obra de arte está dentro de la roca y que sólo hace falta sacar lo que la tapa para que todos nos maravillemos.

Este concepto es especialmente inspirador para mí, porque además de proponerme un mundo en donde cosas increíblemente hermosas yacen ocultas detrás del velo de su naturaleza (expectantes, listas para ser liberadas por nosotros), deposita algo de responsabilidad fuera del propio artista, algo que es siembre bienvenido a la hora de ponerse a crear.

Lo que hay para mostrar ya está adentro

La base de mi trabajo, todos los días, descansa sobre esa premisa: Tienes dentro algo hermoso, único, irrepetible y especial. 100 % certificado. La promesa es entonces, que vamos a trabajar para que podamos verlo. La promesa es que no voy a detenerme hasta que eso que hay que mostrar, que vale la pena mostrar, que no es común y sobre todo que está dentro de ti, se vea desde cualquier parte.

Cincelar por un mundo más honesto

Cincelar.net es un espacio que nace a partir del trabajo de todos los días. Los mensajes y las representaciones escénicas que me toca desarrollar con clientes y colegas terminan produciendo teorías, anécdotas e ideas que quiero compartir.

Compartir estos artículos tiene la secreta misión de mejorar el mundo, y aunque suene pomposo o incluso irrealizable, estoy convencido de que una mejor comunicación de aquella historia que nos hace valiosos para los demás hace a la diferencia. Porque en cada uno de nosotros hay valor para los demás.

En el arte de la escultura, en tiempos del propio Miguel Angel, se utilizaba cera para tapar las imperfecciones en las esculturas. Lo interesante parece asomarnos a ver qué pasa cuando mostramos nuestra superficie sin cera.

Podemos cincelar todos

La comunicación unidireccional, es decir, aquella en la que una persona habla y las demás escuchan —aunque no sea por más de unos minutos— tiene tres objetivos posibles.

  1. Movilizar a la acción. Que me compren, que inviertan en mi proyecto, que el equipo juegue con mayor disciplina, que me voten, que el destino de las vacaciones sea Roma.
  2. Transferir información. Enseñar una distinción nueva, mostrar el cómo-se-hace de algo, reportar los resultados del último trimestre en ventas, contar como era el abuelo cuando estaba vivo.
  3. Coordinar tareas. Dejar claras especificaciones y plazos, plantear dificultades del proceso acordado previamente, reclamar sobre una demora o un defecto, demandar respuesta, dar feedback.

Cada una con sus detalles y mejores prácticas, la mayor parte de las veces en las que nos comunicamos estamos intentando hacer una de las cosas arriba citadas (por sólo poner algunos ejemplos). Así el ajuste de nuestro estilo, la estructura del mensaje y los medios de representación que usamos son claves para lograr buenos resultados —presumiendo que ese es el deseo, claro.

De esta forma muy pocas personas quedan al margen del interés por generar un mensaje que funcione de manera confiable y eficiente. Emprendedores, docentes, ejecutivos, dueños de empresas, directores técnicos, publicistas, vendedores, políticos.

Creo que empezar a prestar atención a esta práctica es urgente. Tuvimos demasiado tiempo de comunicación industrializada, vertical, incuestionable, que nos hizo inmunes a la sensibilidad y la atención a los detalles del acto más humano de todos. Hemos perdido la práctica en comunicarnos como humanos. Allí está la importancia de cincelar.

La vida es un escenario

A la comunicación unidireccional (la que describí más arriba, la que no es conversación) yo le doy el nombre de comunicación escénica.

Un escenario es todo. Claro que los escenarios literales, con tarima y micrófono abundan, pero las situaciones escénicas que nos tocan todos los días en el desempeño de nuestras actividades profesionales y de hobby se multiplican y van en ascenso con el tiempo. Toda situación en donde nos toca hablar, y a los demás escuchar, es nuestro pequeño espacio de escenario y nuestro mensaje allí, cuando tiene el suficiente cincelado, impacta de una manera más simple, más convincente y sobre todo de un modo mucho más humano.

Les invito a cincelar.


https://cincelar.net