¿Quién es el responsable de pensar el futuro?

La tecnología nos interpela permanentemente. Nos ataca desde todos los frentes con su curiosidad para ver que puede hacer mejor que nosotros. Que otra tarea puede llevarse de modo de hacernos a vida más fácil.

No falta mucho tiempo para que tengamos la mayoría de nuestras capacidades tomadas por la tecnología. Lo ignoramos porque no podemos estar actualizados en todas las industrias todo el tiempo pero en casi cualquier trabajo repetitivo y específico las máquinas, las computadoras o el software en particular, realizan las tareas que nosotros hacemos de manera más eficiente, con el mismo criterio y aprendiendo de sus errores.

En este espacio ¿A quién le corresponde pensar en el futuro de nuestra institución, empresa, rol o profesión?

“Mi predicción es que si no cambiamos la manera en la que nos comunicamos entre nosotros de modo de hacerla un proceso más humano, pronto estaremos a las puertas de delegar esa responsabilidad en la inteligencia artificial de algún sistema moderno”.

El futuro es ese espacio indelegable, es también claro, lo que permite que corrijamos y modifiquemos la dirección en la que estamos yendo. En ese sentido, no hay herramienta mejor que el feedback directo para llegar a construir ese futuro que estamos buscando.

Dentro de demasiado poco tiempo las personas deberemos reconocer que el trabajo repetitivo, muscular, o intelectual enciclopédico son cosas que otros hacen no solamente mejor, sino que con mayor confiabilidad y responsabilidad.

Quedarán en ese momento sólo espacioes en los que nos podremos desarrollar como seres humanos:

  1. Las prácticas en donde debamos coordinar acciones entre seres humanos: El deporte, la expresión artística colectiva, las movilizaciones de grandes grupos de personas. Todo eso, pero también la creatividad para proponer cosas y ofrecer experiencias diferentes. La comunicación aquí será central. Nuestra capacidad para hacer entender al otro que es lo que estamos buscando a donde queremos llegar, será determinante.
  2. La expresión artística de la emocionalidad humana. Ya sea por empatía, pertenencia, entretenimiento o competencia, el ser humano tiende a sensibilizarse con la expresión de otro en un tono amable. Cuando un actor encarna una situación, cuando el cuadro nos hace llorar, cuando el cine distorsiona nuestra percepción de la realidad al punto de comprar una historia imposible. En todos esos casos estamos siendo la definición de humanos que tenemos actualmente. Entender que el camino a recorrer en este sentido no puede ser en solitario hace que la comunicación sea una herramienta central.
  3. Durante un tiempo que espero sea lo suficientemente largo, contaremos con grandes grupos de personas en donde la contención será necesaria. Enfrentarse al vacío de propósito no es tarea sencilla. Mucha gente flaquea y se cae. Un grupo de nosotros deberá dar el paso adelante para cuidar de estos compañeros de viaje.

Si no decidimos el futuro nosotros, no podemos coordinarnos para llegar allí. Tomar una decisión sobre el futuro es la única tarea que como humanos tenemos la responsabilidad de evaluar, antes de dejar que las máquinas decidan por nosotros.